20 de noviembre de 2020

Juan Perro funde sonoridades íberas, latinas y afroamericanas en 'Cantos de ultramar'

Juan Perro funde sonoridades íberas, latinas y afroamericanas en 'Cantos de ultramar'
Juan Perro funde sonoridades íberas, latinas y afroamericanas en ‘Cantos de ultramar’ - LA HUELLA SONORA (LHS)

MADRID, 20 Nov. (CulturaOcio) -

Juan Perro, o lo que es lo mismo Santiago Auserón, abraza las olas en su nuevo álbum 'Cantos de ultramar' (La Huella Sonora, 2020), un disco-libro con una exquisita edición de lujo donde se incluyen partituras, textos y fotos de la grabación, y hasta una tirada en vinilo.

Partiendo de las costas andaluzas o quizás de un muelle perdido del Duero, con parada en tierras portuguesas, emprende una travesía repleta de rítmicas y acordes mestizos al tiempo que recoge mercancías sonoras en puertos de México, Cuba o Colombia para recrearse finalmente en Nueva Orleans, origen del jazz y a su vez crisol de músicas diversas.

Sugiere cantos de ida y vuelta, siempre en zonas fronterizas, donde el trasiego de los ecos que lleva el aire se empapa de influjos misteriosos y sorprendentes. De la bulla del danzón a la vaporosidad del swing, de la descarga del son a la electricidad del rock, de la música andalusí a la melancolía de la canción lusa, "una compilación de influjos panamericanos vistos desde el extremo sur de Europa", como el propio Auserón define.

Para esta colección de 12 canciones, Juan Perro hace gala de un contrabando musical marca de la casa. No obstante lleva una dilatada trayectoria a sus espaldas y sabe moverse con soltura y descaro en las aguas rítmicas de ambos continentes.

Desde los tiempos de Radio Futura --donde el rastro de la semilla negra del rock latino le sirvió de leimotiv e inspiración a la vez-- hasta los primeros discos de Juan Perro con esas intersecciones pioneras entre rock hispano, son y jazz, Auserón ha investigado y estudiado las músicas íberas, caribeñas y afroamericanas con el entusiasmo de un aprendiz y la minuciosidad de un musicólogo.

Y aquí muestra, con la maestría habitual, el resultado de sus búsquedas, en un nuevo salto en su carrera artística. Templado y maduro, arropado por una formación de sexteto, su banda de referencia, de la que se le percibe orgulloso y con la que ha encontrado una sonoridad propia, que contribuye a destacar su voz y resaltar las composiciones. Bajo la dirección musical de Joan Vinyals, gregario perfecto aparte de sutil y generoso guitarrista; Isaac Coll al bajo, imaginativo y versátil; Pere Foved, elegante a la batería y una explosión de metales con la expresividad desbordante del saxo y clarinete de Gabriel Amargant y la potencia tímbrica de David Pastor a la trompeta y fliscorno.

"La complicidad con estos jazzmen no desdice el hecho de que, en mi opinión, el repertorio pertenece por derecho a la corriente del rock latino", confiesa. No es casual que sea el primer disco en el que Auserón aparece junto a sus músicos en la portada, además de incluir la coletilla 'banda de Juan Perro'.

"El nombre de Juan Perro ha pasado a representar a un colectivo de músicos que en su mayor parte provienen de la escuela del nuevo jazz, abierto a otros géneros", reconoce. Y es precisamente esa experiencia colectiva la que da sentido a esta propuesta. Para entender 'Cantos del ultramar' es necesario echar la vista unos años atrás, donde Santiago Auserón registró en formato acústico, a guitarra y voz, estas mismas canciones para 'El viaje' (La Huella Sonora, 2016). "El reto asumido posteriormente en equipo consistió en dar mayor dimensión musical a esos temas, ampliando la paleta de colores y el abanico de estilos", explica Auserón.

Habrá seguidores que se sientan algo decepcionados al no encontrar repertorio nuevo en este disco. Y puede que no les falte parte de razón. Pero asimismo conviene ahondar en las razones artísticas de estos cantos ultramarinos y no analizar el disco únicamente en términos de novedad. Sería una aproximación injusta e incompleta.

Más interesante es ver cómo las canciones desnudas de 'El viaje' han crecido en 'Cantos de ultramar', han evolucionado, se han enriquecido de matices y arreglos, de las aportaciones de los directos, de las complicidades del local de ensayo. No deja de ser un privilegio comprobar como las canciones cambian con el tiempo y se complementan con el contacto entre creador y audiencia. Son creaciones vivas, con dinámica propia. "Las canciones vuelan por el aire", canta Auserón en "Aire".

Ser testigo en primera persona, no exentos de emoción, de como "Luz de mis huesos" se convierte en uno de los temas emblema del cancionero perruno, a la altura de sus grandes clásicos.

O como los iniciales susurros acústicos de canciones como "De un país perdido" o "Arenas del Duero" se transforman aquí, gracias a las aportaciones de los músicos con especial atención a los arreglos de viento, en excelentes piezas de pinacoteca musical, dignas de las mejores tabernas de fados de Lisboa o de clubes nocturnos de jazz más selectos. Y por supuesto se exploran nuevos espacios para el rock hispano con joyas como "Aire" o "Agua de limón", briosas y juguetonas. Canciones como "Nada", "El desterrado" o "El viaje" se perfeccionan considerablemente con el planteamiento conjunto: intros instrumentales, solos, pasajes psicodélicos.

Salvo minimísimas excepciones -era difícil superar el inspirado aroma primigenio en acústico de "En la frontera", lo cual no implica que el arreglo de banda sea fallido_todas las canciones mejoran y muestran una cara más poliédrica y disfrutable.

Hay que partir de una buena materia prima, qué duda cabe. Santiago Auserón está pletórico no solo como compositor y letrista -no hay un acento fuera de sitio, su fluidez narrativa, prosodia y dominio poético son envidiables_sino también como vocalista, su voz suena serena en los agudos y portentosa en los graves. Juan Perro es como esos licores añejos que se transportaban, clandestinos, en las bodegas de los navíos: cuanto más tiempo en barrica, más sabrosos y refinados. El rumor de los cantos de ultramar.

Manuel Recio

Contador

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